Machmit Museum: un Museo para disfrutar con niños en Berlín

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Uno de los lugares más curiosos que visitamos con los niños en nuestro pasado viaje a Berlin, fue el llamado Machmit Museum, un museo para los niños.

Os aseguro que…¡no os dejará indiferentes!

Ubicado fuera de los circuitos turísticos, su aspecto exterior ya resulta curioso per sé: se trata de la antigua iglesia Eliaskirche, reformada y orientada a que los niños exploren, toquen, jueguen y descubran todo su interior. No en vano es lugar habitual de las excursiones diarias de los coles alemanes así como de celebración de cumpleaños, y tiene un amplio programa de actividades infantiles.

Su temática y contenido interior suele variar en función de la exposición temporal que os encontréis. Es un lugar orientado precisamente a eso: exposiciones temáticas y temporales, de carácter didáctico y realizadas con una sola condición: todo se puede tocar. Es un museo para tocar, preguntar e interactuar. No vale solo mirar.

UN LABERINTO DE MADERA EN EL CORAZÓN DE UNA IGLESIA

Respecto a la estructura de la Iglesia, además de lo impresionante que resulta su alto techo, os encontraréis que justo en su zona central dispone de una estructura de madera, a modo de laberinto gigantesco por donde si os quitáis los zapatos, podréis trepar y recorrer para vuestra diversión.

En nuestro caso, al principio subieron solo los peques, pero el propio monitor que estaba allí nos dijo…”¿no vais a subir vosotros?”…y más pronto que tarde estábamos en calcetines y trepando por el laberinto de madera. ¡Nos reímos un montón!. ¡Fue genial!

UNA GRAN CANTIDAD DE ACTIVIDADES INFANTILES

Nada más entrar en la iglesia-museo os encontraréis con la taquilla que a su vez es una pequeña tienda de recuerdos. Al entrar, en la planta baja ya nos topamos con los primeros espacios de la exposición. Durante nuestra visita nos encontramos con una exposición dedicada a los niños como temática, desde que eran concebidos (literalmente hablando) y nacían, hasta la forma de vida de los niños alrededor del mundo. Realmente era muy curiosa.

No había un itinerario ni un orden preestablecido para recorrer la planta baja y la exposición. Podías avanzar entre los diferentes elementos a tu antojo, explorando cada rincón y dejándote llevar por tu curiosidad. Y lo que podías encontrar era realmente diferente. Desde un pequeño rincón con imágenes de como el embrión iba creciendo dentro del cuerpo de la madre; a un vientre materno gigantesco donde podías entrar y escuchar los latidos del corazón de la mamá (simulando que eras tú el bebé);

hasta los diferentes tipos de pañales que se habían llevado a lo largo de la historia o habitaciones que simulaban una incubadora.

También encontramos un rincón donde reposaban una especie de pelotas de tela que atadas con un cinturón podías ponértela simulando una “barriga de embarazada”, para que todos pudieran imaginarse como es tenerla ¡super curioso!. Un pequeño laberinto de espejos, y muchas otras curiosidades hicieron que en la planta baja estuviésemos mucho más rato del que hubiésemos imaginado.

La subida a la planta alta de la iglesia se hace a través de unas empinadas escaleras, que en realidad sirven también de gradas para un cine gigantesco. La pantalla es una de las enormes paredes de la iglesia y los asientos: las gradas, las escaleras por las que se accede a la planta alta. ¡Todo se aprovecha en este lugar!. Tienen además una programación de cine que puedes consultar.

En la planta alta, se disponen espacios donde los niños pueden participar en diferentes talleres y actividades: de pintura o manualidades diversas, una pequeña biblioteca, y más exposiciones y curiosidades.

Cuando nosotros visitamos el museo, había una visita de un cole y mis peques participaron junto al resto de alumnos en un curioso taller de construcción de (no sé muy bien como decirlo) mantitas para envolver a los bebés (wickel babies). A cada uno de ellos le dieron unos bebés de cartón, y ellos con diferentes materiales (telas, lana, etc.) tenían que construir-tejer una mantita para envolverlos y que no tuviesen frío. Fue increíble como todos los niños estaban super atareados con el trabajo.

Una actividad que también me pareció super curiosa, es que en una pared del museo había puesto dispersas fotos de todos los empleados que trabajaban en el museo. Y direis ¿qué tiene eso de curioso?. Pues en realidad que había fotos de personas adultas (empleados) y fotos de bebés y niños (de los mismos empleados cuando eran pequeños). ¡El juego consistía en emparejar las fotos!.

En la planta alta era donde se encontraba una cafetería por si queréis tomar algo mientras los peques recorren el laberinto de madera.

En definitiva, me pareció un lugar muy peculiar. Ni es el típico museo, ni es el típico lugar turístico a visitar. Pero si queréis pasar una jornada interesante, puede ser un magnífico sitio. ¡Ya nos contaréis como os lo pasáis vosotros!

¿Habíais oído hablar antes del Machmit Museum en Berlín?




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