Si Don Quijote levantara la cabeza…

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… y viese la de gigantes que le quedaban por combatir un”poquito” más al norte de La Mancha… ¡Sancho se volvería loco!

Y es que Holanda es tierra de queso, de tulipanes y bulbos mil, de bicicletas, del mar en tierra, de planicies infinitas, de heterogeneidad en sus gentes, de la sin par Amsterdam y de grandes presas. Pero sin duda, también es tierra de molinos. Deliciosos molinos en funcionamiento en zonas aún más bonitas que dejarán a tus lilliputienses con la boca abierta.

Molinos en Zaanse Schan

Los molinos en Holanda son toda una institución. En origen, su funcionalidad era muy diversa. Producían una gran cantidad de productos tales como cebada, arroz, papel, madera, aceite, mostaza, tabaco, cáñamo, etc. aunque la característica primordial de los molinos holandeses es que muchos de ellos sirvieron para trasladar agua de un canal a otro y desecar las tierras (debido a su situación por debajo del nivel del mar).

Las dos zonas más famosas de molinos se encuentran en las ciudades de Kinderdijk y Zaansche Schans. Kinderdijk está al sur de Holanda, cerca de Rotterdam y sus 19 molinos ubicados a lo largo de un canal han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Zaansche Schans está al norte de Amsterdam, en la zona de Zaandam, ubicado a orillas del río Zaan y a unos 15 minutos en tren.

Ubicación de Zaanse Schans respecto a Amsterdam

En nuestro viaje, atendiendo a la facilidad de acceso desde Amsterdam, visitamos Zaanse Schans. La ruta la hicimos en tren y la combinamos con la visita al mercado del queso de Alkmaar. Salimos por la mañana y cogimos un tren hasta Alkmaar. Vimos el mercado, almorzamos allí, y volvimos en tren hasta Zaanse Schans y desde allí, también en tren, hasta Amsterdam.

Respecto al transporte seguimos exactamente las indicaciones dadas en el blog www.visitarholanda.com. Si tienes pensado viajar a Holanda deberías leer despacito este blog… También podéis llegar hasta Zaanse Schans en ferry desde Amsterdam. Os recomiendo que vayáis en tren y volváis en ferry. Ese era nuestro plan, pero no lo hicimos así porque llegamos tarde a la salida del último ferry :-(.

La llegada en tren hasta Zaanse Schans no es muy buena, ya que para salir de la zona de andenes tuvimos que pasar por una serie de pasillos subterráneos cuyos acceso son a base de un montón de escalones. Y con el carrito doble fue muy incómodo (al menos nosotros no encontramos rampas o vías más accesibles). Después, hasta llegar a la zona de molinos debes andar 1 km aprox.

Zaanse Schans

La zona es realmente bonita. A orillas del río Zaan encuentras un pueblito formado por una serie de casas de colores comunicadas entre sí por puentes y canales. Por toda la zona pudimos movernos sin problemas con el carrito, tanto por los caminos, como por los puentes y parques. En esta zona puedes visitar fábricas de zuecos, el museo de relojes y por supuesto visitar por dentro los famosos molinos. Nosotros solo entramos en la de zuecos y es muy curiosa. Puedes encontrar un área con mesas y bancas de madera donde sentarte a merendar y un par de bares (de arriesgados precios, eso sí) por si necesitas avituallamiento. Por supuesto hay numerosas tiendas de recuerdos y regalos. También hay servicios, aunque bien guardados tras un torno que solo gira tras la introducción de 50 céntimos (si os da el apretón llevad la moneda en la mano!!!!!).

Como curiosidad, en todo el área (aquí y otras muchas zonas de Holanda) hay repartidos una serie de zuecos gigantes amarillos, en los que los niños se meten de cabeza! ;-).  Risas aseguradas y por supuesto la foto de rigor. Además, patos, vacas y un puñado de cabras encajadas a la perfección en el paisaje hacen que tus enanillos vayan de sonrisa en sonrisa.

¡Yo me meto ahí!

Pero el éxito de la tarde fue sin duda la visita al molino. Entramos en De Kat (El Gato) uno de los más famosos de la zona. Se trata de un molino de producción de pigmentos y colorantes del año 1782. La entrada cuesta 3€ / adulto y merece la pena (a mi me encantó). Es un molino de cúpula giratoria (solo la cúpula con las aspas gira y se orienta al viento a través de un mecanismo de ruedas) y que se puso de nuevo en funcionamiento hace una década, produciendo y vendiendo materiales de teñido y pintura. Es el último ejemplar de los molinos de viento para la producción de pigmentos que quedan en el mundo.

Por dentro, el molino es pequeño, y hasta llegar a la cúpula debes subir dos tramos de escaleras muy, muy empinadas. El carrito lo dejamos dentro del molino en un rincón y allá que nos encaramamos. El niño subió bien, despacito. La niña la llevábamos en brazos. El niño ya había “alucinao” cuando se había visto a los pies del molino y subir por dentro era toda una aventura. Cuando por fin salió al aire libre en la cúpula y vió tan cerquita las aspas, le encantó. Aunque como el piso estaba formado a base de tablones un poco separados entre si, podías ver la altura a la que te encontrabas y eso hizo que anduviese por lo alto del molino como un “pato mareao” :-). Alucinante. De hecho, perdimos el último ferry porque no había quien nos bajase del molino.

En lo alto del molino

Una zona muy bonita para disfrutarla con tranquilidad paseando entre canales y puentecitos.

Si se os ha quedado el gusanillo por los molinos, aquí tenéis más información. En Holanda, multitud de actividades se realizan en torno a ellos, existen Asociaciones que se encargan de su cuidado, promoción y protección. En definitiva, son un auténtico patrimonio cultural.

Disfrutad de ellos y ¡combatidlos si es necesario!

” —Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.” 

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